domingo, 25 de mayo de 2014

"En la calma tierna de tus brazos" - Roland Barthes

fragmentos de un discurso amoroso


ABRAZO. El gesto del abrazo amoroso parece cumplir, por un momento, para el sujeto, el sueño de unión total con el ser amado.

/ Duparc /
1. Fuera el acoplamiento (¡al diablo, entonces, lo imaginario!), hay ese otro abrazo que es un enlazamiento inmóvil: estamos encantados, hechizados: estamos en el sueño sin dormir; estamos en la voluptuosidad infantil del adormecimiento: es el momento de las historias contadas, el momento de la voz, que viene a fijarme, a dejarme atónito, es el retorno a la madre ("en la calma tierna de tus brazos", dice una poesía musicalizada por Duparc). En este incesto prorrogado, todo esta entonces suspendido: el tiempo, la ley, la prohibición; nada se agota, nade se quiere: todos los deseos son abolidos, porque parecen definitivamente colmados.

DUPARC: "Chanson triste", poema de Jean Lahor ¿Es mala poesía? Pero la "mala poesía" toma al sujeto amoroso en el registro de la palabra que no le pertenece más que a él: la expresión.

2. Sin embargo, en medio de este abrazo infantil, lo genital llega infaltablemente a surgir; corta la sensualidad difusa del abrazo incestuoso; la lógica del deseo se pone en marcha, el querer-asir vuelve, el adulto se sobreimprime al niño. Soy entonces dos sujetos a la vez: quiero la maternidad y la genitalidad. (El enamorado podría definirse como un niño que se tensa: tal era el joven Eros.)

3. Momento de la afirmación; durante cierto tiempo, ha llegado a un fin, se ha desquiciado, algo se ha logrado: he sido colmado (todos mis deseos abolidos por la plenitud de la satisfacción): la saciedad existe, y no me daré tregua hasta hacer que se repita: a través de todos los meandros de la historia amorosa me obstinaré en querer reencontrar, renovar la contradicción -la contracción- de los dos abrazos.


Roland Barthes
Fragmentos de un discurso amoroso

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