jueves, 7 de abril de 2016

Escapada a Ushuaia, un post sobre otras cosas

Un viaje muy al sur, la excusa para contar otras cosas, sobre la majestuosidad del paisaje ya escribieron muchos. Mi relato: una buena, pocas horas de vuelo; una mala, el frío y situaciones donde se esperaba algo diferente pero la vida es cómo es, y está bien que así sea. Por último de souvernir  la palabra que todos vivimos alguna vez sin conocerla.


No me gusta volar

Me da miedo viajar en avión. Eso de estar en el aire no es para mí. Entonces es mejor que elija ahora los destinos más lejanos porque cada día me va a ir gustando menos. 

La gente se queda mirándome con los ojos muy abiertos cada vez que digo que odio volar y ¡hasta me discuten la veracidad de mis propias palabras! Parece que por el mero hecho de viajar de vez en cuando en avión se tilda automáticamente en la mente de las personas la casilla del "le encanta volar."
No me gusta viajar en avión y no me convencen con datos estadísticos -eso de que es más seguro el avión que el auto. Pero si pienso en recorrer el mundo, ahí sí vale todo.


"Te atas el cinturón. El avión está aterrizando. Volar es lo contrario del viaje: atraviesas una discontinuidad del espacio, desapareces en el vacío, aceptas no estar en ningún lugar durante un tiempo que es también una espacie de vacío en el tiempo; luego reapareces, en un lugar y en un momento sin relación con el dónde y el cuándo en que habías desaparecido. Mientras tanto, ¿qué haces? ¿Cómo ocupas esta ausencia tuya del mundo y del mundo de ti? Lees; no apartas los ojos del libro de un aeropuerto a otro, porque más allá de la página está el vacío, el anonimato de las escalas aéreas, del útero metálico que te contiene y te nutre, de la muchedumbre pasajera siempre distinta y siempre igual(…)
Si una noche de invierno un viajero, Ítalo Calvino



Por esto de querer aprovechar para hacer ahora, a los treinti,  la mayor cantidad de horas de vuelo posible es que todavía no conozco tanto mi país. Argentina siempre va a estar cerca, no tengo apuro por descubrirla. Pero las reglas tienen excepciones y en septiembre surgió la posibilidad de hacer una escapada de cinco días. Mejor no irse lejos para aprovechar mejor el tiempo. 

El destino elegido fue "el fin del mundo, el principio de todo." Ushuaia, la capital de Tierra del Fuego, la isla triángulo rectángulo, o el taco del zapatito con suela del Canal de Beagle. La ciudad más austral del mundo, esa que casi se cae del mapa, un lugar con montañas, bosques, mar y glaciares y sobretodo mucho frío. 




No me gusta el frío

¿Tierra del Fuego? Si pensamos en el sur del sur lo primero que se me pasa por la cabeza es frío.  Y de ese piolín empecé a tirar. Resulta que si exageramos podemos decir que nevó en Buenos Aires el 9 de julio del 2007. Es un día fácil de recordar, fue feriado por ser el aniversario de la independencia. Y como todo hecho inusual que nos sorprende podemos describir con detalle que estábamos haciendo en ese momento y como lo vivimos. Para acordase en que año fue cada uno tendrá su propia estrategia o a googlear.

La nevada anterior había sido en 1918. Tu torta tendría que tener más de 90 velitas para haber presenciado ambas nevadas y un par más para acordarse.

Los inviernos porteños no son blancos, el promedio de temperaturas mínimas es de 8°C, cifra que en otras latitudes ni llega a considerarse frío.

No me gusta el frío. El frío inmoviliza ya sea por la tensión del cuerpo para conservar el calor o por la cantidad de ropa que nos ponemos para estar abrigados. El frío aísla, hay que tener coraje para traspasar la puerta y salir a la intemperie. Por eso para mí Ushuaia era una gran aventura, bien por el poco avión pero a enfrentar las bajas temperaturas. Valió la pena el esfuerzo.

 A veces las cosas no salen como uno lo espera

Esquiar requiere un estado atlético óptimo y también ayuda el no temerle a las alturas. Si bien no cumplo ninguna de las dos condiciones mencionadas me aventuré igual. Dicen que uno se arrepiente más de lo que no hace que de lo que hizo. Así que le puse garra y ahí estaba sentada en una aerosilla del Cerro Castor sosteniendo mis bastones y convenciéndome de que no tenía miedo de estar ahí en lo alto, en el aire, como en el avión pero sin avión. 

Mientras me tiraba en la pista principiante iba bastante bien, aunque enseguida tomás velocidad y no se frena así nomás. El problema fue en una pista más arriba que si bien era básica según el plano se bifurcaba y uno de los los caminos se hacía de mayor complejidad. Había carteles pero si juzgamos por mi comprensión de los mensajes debo decir que yo no era el público objetivo.

Padecí la aerosilla, había mucho viento, hacía frío. El día estaba negro y con tanto blanco quedaba un gris y yo buscando mi valentía que para ese entonces estaba bien escondida. Cuando llego a la cima descubro que el camino hace una U. Solo puedo  ver un pedazo corto de pista y el precipicio que te cortaba la respiración. Me bloquié, entré en pánico y supe que no había posibilidad de que baje por ese camino que no conocía y que no podía visualizar.

Fui a hablar con el operador de la aerosilla para pedir que me permita descender por ese medio porque no se podía. Primero pensó que estaba bromeando pero después sintió mi terror mezclado con la desesperación. Tras darme indicaciones sobre la respiración para que me calme sugirió una solución: bajarme en camilla como llevan a los lastimados. Al principio no me gustó: bajar la montaña atada a una camilla cabeza abajo pero hay momentos donde no queda otra que confiar. Al final hasta resultó divertido bajar con Tito, el rescatista. Y no está mal entender que a veces nos sobre exigimos y las situaciones nos superan.

Tito, mi rescatista

A veces las personas no se comportan como uno espera

Fui a la Reserva natural valle Tierra Mayor a 20 km de la ciudad. Caminé con raquetas y esta vez ya no era navidad sino que era protagonista de una película de supervivencia en la que en cualquier momento aparecía un oso (???).


Reserva natural valle Tierra Mayor

El guía me cayó mal desde un principio, yo no soy la persona más simpática pero debo decir que en varias oportunidades su tono y sus intervenciones limitaban la mala educación. Me resultó raro su comportamiento y distaba del esperado.

Durante el paseo creí entender qué era lo que pasaba. Resulta que el guía era un experto en montaña, sus conocimientos y su experiencia sobresalían en cada comentario que hacía y también se respiraba su pasión por la naturaleza.  Su malestar era cansancio, impotencia de lidiar con turistas que se esfuerzan al máximo por no respetar el entorno natural. Ya no se tomaba la molestia de ver a quiénes tenía adelante y directamente nos metía a todos en la misma bolsa: turistas irrespetuosos.

Cuando me puse en su lugar ya no me sentí agredida. No reaccionaba ante mí, ante nosotros, era su respuesta a situaciones pasadas. ¿Cuántas veces haremos lo mismo sin darnos cuenta?

Entonces disfruté del paseo, sobre sus maneras, y me acuerdo que contó que los pueblos originarios de la región tenían una palabra que no existe en ningún otro idioma. Esta palabra describe el momento en el cual dos personas sienten que algo está por pasar pero no saben quién de los dos iniciará la acción. Es la situación tensa, ese silencio ensordecedor que surge antes de un primer beso o antes de una pelea.

Mamihlapinatapei aparece en el libro Guiness de 1994




Consejos para la organización de un viaje a Ushuaia

Mientras organizaba el viaje a Ushuaia se me ocurrió que no había ninguna necesidad de alojarse en el centro de la ciudad. La mayoría de las atracciones eran alejadas e incluían el traslado. El hotel en medio de la naturaleza frente al Canal de Beagle fue una excelente decisión.
Y que no tuviera frigobar nunca fue un problema. Bastaba dejar las latas del otro lado de la ventana para resolver el asunto.
En el hotel se podía cenar rico y los precios no eran desorbitados.



También era fácil compartir un taxi al centro, ya que era la otra alternativa que teníamos todos.

Los barcos por el canal tienen un horario por la mañana y otro por la tarde. Son paseos entre 2 horas y media y 4 horas dependiendo de la agencia.

En el centro hay un negocio de free shop como los aeropuertos cuando salís del país.

Llevar abrigo, bufanda, guantes y sobre todo un calzado abrigado e impermeable.

Página oficial de turismo de Ushuaia







 Ushuaia, Tierra del Fuego, septiembre del 2015


Basta de no me gusta esto, no me gusta aquello. Lista de cosas que sí me gustan

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